Sinfonía del Ruido

21 Mayo 2009

(Basado en hechos reales)

Como vecino del barrio de Usera, en el punto estratégico en el que confluye con los distritos de Carabanchel y Arganzuela, me declaro completamente alienado en cuanto a salud mental se refiere. Debo aludir también, como elemento agravante, al turno de noche que mi trabajo (y mis escasos ingresos) me obliga a realizar. De modo que tengo que dormir de día, porque en algún momento hay que dormir.

El caso es que mi barrio, no se vayan a confundir, es un barrio muy completo: muchos servicios, tiendas, grandes superficies de alimentación, complejos deportivos, centros de salud, plazas de aparcamiento.. es un buen lugar para vivir, no se crean. Además, a tiro de piedra del centro de Madrid.

Cuando llego a casa, muy de madrugada, los vecinos duermen. Solo los más madrugadores han salido ya de casa o han cogido el coche, lo cual me facilita la tarea de aparcar el mío y subir a casa para descansar. La situación es idílica: todo quietud, paz.. un sitio maravilloso.

Llego a casa y enciendo el ordenador; no es que llegue fresco como una rosa, pero distraerme un rato mirando el correo o echando un vistazo a mis redes sociales me permite acabar de coger el sueño y desconectar de la dura jornada.

Y aquí es donde mi barrio deja de ser el idílico y bucólico lugar que había sido hasta entonces..

Y se transforma en un pandemonium de ruidos, gritos, estruendos, rumores incesantes, que, susto tras susto, “adornan” mis horas de sueño y me acompañan, también en vigilia, hasta el anochecer.

Marqués de Vadillo, a toda máquina

Marqués de Vadillo, a toda máquina

Dejando aparte el ruido normal del tráfico o de la gente por la calle, en Usera tenemos la suerte (o la desgracia) de albergar un cuartel de bomberos y una central de emergencias del Samur. Todo mi respeto hacia estos profesionales (¡qué sería de nosotros sin ellos!), pero cada vez que hacen una salida (y, créanme, es más a menudo de lo que ustedes pueden pensar) es como si el cielo mismo se viniera abajo. Sirenas estridentes, incluido un timbre estruendoso que precede a los bomberos y que avisa al tráfico de la inmediata salida de uno de sus camiones.. Una maravilla, un despliegue fantástico de ruidos que deleita los oídos más exigentes..

..y la entrada a la M-30 por Sta. María de la Cabeza, todo un clásico

..y la entrada a la M-30 por Sta. María de la Cabeza, todo un clásico

Y, por otro lado, sería digno de estudio comprobar cuántas veces han tenido que levantar la acera en el último año. ¿Seis? ¿Siete? Proceso este en el que tardan dos o tres meses, y durante el cual un operario con un martillo hidráulico (de los pequeños, si hay suerte) emplea de ocho a diez horas diarias en machacar la acera, o la carretera, o lo que sea. Estas son las mejores temporadas del año.

El día que no se vea ninguno de estos en mi calle, se acabará el mundo, seguro

El día que no se vea ninguno de estos en mi calle, se acabará el mundo, seguro

Y por si fuera poco, como guinda del pastel, mi vecino de arriba, Vicente, mecánico retirado, es un apasionado del bricolaje, y siempre que puede clava clavos, perfora paredes, machaca cosas con su martillo, o se dedica a serrar madera. Lo cual no deja de ser meritorio en un piso de sesenta metros escasos.. el verano pasado cambió el mueble del salón, que está justo sobre mi cama. Tuvo que desmontar el otro a mazazos, serrar algunas partes del nuevo y montarlo, a golpe de martillo. No recuerdo tres días peores que aquellos en toda mi vida. He de decir en su defensa que, días más tarde, nos encontramos en el rellano de la escalera, y me preguntó si me había molestado el ruido. No, qué va, Vicente. Si yo aguanto sin dormir perfectamente. Tú, tranquilo.

Esto es parte del arsenal de Vicente, mi vecinito de arriba

Esto es parte del arsenal de Vicente, mi vecinito de arriba

Así que, estimados lectores, si alguna vez se han quejado de aquel vecino ruidoso o de aquella obra que nunca acaba, recuerden estas líneas. Y piensen que a pesar de su desesperación, todavía hay alguien que lo pasa peor.

Ya.. ya sé lo que están pensando. La misma pregunta me la hago yo todos los días: ¿quién me mandaría a mi mudarme a este barrio?


La insoportable impunidad del ser

20 Mayo 2009

El fallo del juicio sobre las identificaciones de los fallecidos en el accidente del Yak-42 deja un sabor agridulce. Por un lado, los tres principales responsables (los directos) han sido condenados a penas de cárcel, lo cual sacia la sed de justicia de los familiares de las víctimas. Por otro, quien fuera responsable de los responsables primeros, el otrora ministro de Defensa, Federico Trillo, sale airoso del lance.
Federico_Trillo
Escudándose en que cualquier tiempo pasado fue peor, el actual titular de Justicia (amarga ironía) en el Congreso ha pasado de puntillas sobre el asunto, ignorando las voces que reclamaban responsabilidades, tanto desde dentro como desde fuera del proceso.

Lo que es evidente es que Trillo no podría jamás haber sido condenado ni absuelto, simplemente por el hecho irrefutable de que, en efecto, no estaba imputado en el delito. Después del fallo se ha despachado a gusto con la lapidaria frase: “respeto la decisión del tribunal, pero no la comparto”. Olé. No esperábamos menos, Don Federico..

rajoy3

No ganamos para disgustos, ¿eh, Mariano?

Dicen que entregó su dimisión a la dirección de su partido, aunque no fue aceptada. Pelillos a la mar, Fede, que tampoco es para tanto.. hay cosas peores, y mira que nunca pasa nada..

Porque, la verdad, es que nunca pasa nada.

El hecho de que un ministro -de lo que sea-, cometa un fallo garrafal, directa o indirectamente, en el que se vean amenazados valores como la credibilidad, la humanidad o la aptitud de un ministerio, y por ende otros tantos principios que trascienden ya a lo meramente ético y moral, como la seriedad, el duelo, el respeto a los muertos (y a los que continúan vivos), este hecho, decía, no es suficiente para que un político redima su culpa renunciando a su cargo público.

No es de extrañar, teniendo en cuenta la salvaje pelea interna que subyace en los cimientos del PP. Don mariano se empeña en quitar hierro a cualquier asunto que pueda manchar su ilusorio y cada vez menor liderazgo, y le resta importancia a cualquier atisbo de corrupción, espionajes varios, sobornos o imprudencias temerarias que puedan aflorar a su alrededor. Verdaderamente, lo temerario es no asumir las responsabilidades que se suponen en un cargo como el suyo, sobre el que pesa la mitad del voto español. Y refleja una estrechez de miras suprema la obstinación con la que tapa los escándalos, con ese talante absurdo de “to er mundo e güeno”. Porque, de alguna forma, está vinculando su futuro político con todos ellos. A Don Mariano le crecen los enanos.. o, mejor dicho, los “nanos”..

Dos de los "nanos", bien creciditos..

Dos de los "nanos", bien creciditos..

Así pues, confiando en la buena salud de la democracia, y también en la existencia de justicia, me atrevería a vaticinar que Don Mariano no será jamás presidente. Ni siquiera en su propios feudos..

"..uno de voshotrosh me traicionará eshta noche.."

"..uno de voshotrosh me traicionará eshta noche.."


Entre siempre y jamás

18 Mayo 2009

Benedetti

Entre siempre y jamás
el rumbo el mundo oscilan
y ya que amor y odio
nos vuelven categóricos
pongamos etiquetas
de rutina y tanteo

- jamás volveré a verte
- unidos para siempre
- no morirán jamás
- siempre y cuando me admitan
- jamás de los jamases
- (y hasta la fe dialéctica
de) por siempre jamás
- etcétera etcétera

de acuerdo
pero en tanto
que un siempre abre un futuro
y un jamás se hace un abismo
mi siempre puede ser
jamás de otros tantos

siempre es una meseta
con borde con final
jamás es una oscura
caverna de imposibles
y sin embargo a veces
nos ayuda un indicio

que cada siempre lleva
su hueso de jamás
que los jamases tienen
arrebatos de siempres

así
incansablemente
insobornablemente
entre siempre y jamás
fluye la vida insomne
pasan los grandes ojos
abiertos de la vida.

Mario Benedetti

1920 – 2009

..y en efecto, Mario; tu siempre será que jamás te olvidaremos.


Good Bye, Spain!

14 Mayo 2009

Muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando, antes de comenzar la final de Copa, varios sectores del público que abarrotaba Mestalla, seguidores de Barça y Athletic, silbaron y abuchearon el himno de España. Incluso llegué a escuchar de boca de algún locutor radiofónico que para él mismo, que no se tenía por patriota pero sí creía en el respeto a algunos símbolos, aquello representaba un insulto bastante grave.

Lo mismo debieron pensar muchos turcos cuando, en el partido que España jugó contra ellos en casa no hace muchos días, un sector de las gradas silbó y abucheó su himno nacional.

En ambos casos, el mismo incidente tiene distintas repercusiones. En el caso de Turquía, pudo acarrear algún conflicto diplomático (poniéndose uno en el extremo), o al menos, decir muy poco sobre la hospitalidad y el respeto del pueblo español. En el caso de Mestalla, constatar tan solo la enorme brecha existente entre una buena parte de los españoles y lo que algunos se empecinan en seguir llamando España..

Porque ¿acaso no es esta la demostración de que aquel fundamento de estado español está pasado de moda y en importante declive? Funcionamos con el mismo modelo político de hace treinta años, modelo que sirvió para “tapar” un régimen de derechas y en el cual todos los españoles nos volvimos iguales ante la Constitución, sin distinción de razas, credos, clase social o pensamiento.

Y es que treinta años dan para mucho. Por ejemplo, para que todas las filias y las fobias que yacían latentes en los corazones de las minorías aflorasen y fructificaran, a lo largo del tiempo, arropados por el benigno clima de la democracia y del entendimiento. Por eso ahora tenemos leyes que hablan de paridad, de aborto, de matrimonios gays, y una larga lista de reconocimientos de los derechos de unos y otros que nos hacen todavía si cabe más grandes y fuertes, moralmente hablando. Ocurre que los nacionalismos forman parte de estas minorías (minorías mayoritarias, y perdonen la paradoja), pero el tinte político que adoptaran en su día sus reivindicaciones se debió, en gran parte, al uso que los propios políticos le dieron a sentimientos que eran más del pueblo que de ellos mismos. Se politizó una identidad nacional. Una cultura. Y todo ello a pesar de (¿o por culpa de?) ciertas ideas que se nos impusieron como buenas e inamovibles tanto tiempo atrás, y que sobrevivieron al cambio y a la transición. Es el caso de ciertos símbolos, como el que refería el locutor de radio ante la pitada del himno, que permanecen en nuestro subconsciente sí o sí, impuestos desde la cuna, a pesar de los pesares.

Porque el españolismo es, quizá, uno de los grandes lastres con los que España debe cargar. Es una herencia de aquel “una, grande, libre” que tanto se estilaba en los tiempos de Paco y que aún perdura, mal que nos pese a algunos. Porque ¿qué tiene que ver un andaluz con un gallego? ¿Y un canario con un leonés? ¿Un catalán con un madrileño? Aún diría más: ¿y un inglés con un madrileño? Salvo en lo cotidiano, absolutamente nada. Formas de pensar distintas, culturas distintas, incluso lenguas distintas. Unos se procuran la protección del catalán o el euskera y otros la del bable, o el llionés, o el galego, el castúo, el valenciano, o incluso más recientemente el andaluz. En Canarias llaman “godos” a los peninsulares. Identidades nacionales completamente distintas. Se intentó remendar este roto en el españolismo a base de autonomías, y el modelo ha perdurado, con mejor o peor salud, hasta nuestros días. Pero quizá haya llegado el momento de revisar el modelo, si bien muchas de las voces que claman a favor de esta idea hayan sido acalladas por los sectores más reaccionarios de la política y por la cobardía de aquellos que temen ser tachados de republicanos.. pero ¿no habrá llegado el tiempo de una República Federal, o algún modelo similar, en el que se olviden viejos rencores y se mantengan los valores de solidaridad y cohesión que tan bien han funcionado hasta ahora? ¿No aplacaría esta decisión las furias independentistas y los viejos rencores nacionalistas? Imponer a la fuerza un himno, un rey o una bandera, en los tiempos que corren, roza el absurdo. Porque la cuestión no es tanto política o económica como social, me temo. Y alimenta además el fuego de la xenofobia entre los que se supone deberían afrontar el futuro unidos. Así que me parece mucho más grave que silbemos el himno turco, mucho más, que silbar el propio; no deja de ser esta una actitud de protesta ante lo que algunos consideran, consideramos, la continuación de un estatus anacrónico. Una protesta desde dentro.

Algunos aprovecharon para hacer patria

Algunos aprovecharon para hacer patria

Y todo mi respeto hacia los que algunos tachan de poco españoles, hermanos vascos y catalanes en este caso, pero también manchegos, galegos, canarios, andaluces, cántabros, leoneses, aragoneses, navarros, murcianos, valencianos, baleares y asturianos. Porque ¿a cuántos de los que portan una bandera del Principado de Asturias cuando corre Alonso se les tilda de nacionalistas o de falta de respeto a la bandera?


A ver si espabilamos

6 Mayo 2009

Insisten nuestros mandatarios en seguir parcheando la economía a base de inyecciones –“letales” para las arcas públicas- de dinero gubernamental y de seguir tirando de la tensa cuerda del proteccionismo social, pero nuestra economía sigue varada en los lodos de la zozobra inmobiliaria, y de ahí va a ser muy difícil sacarla, como ya nos han dicho por activa y por pasiva todas las instituciones de referencia (como la UE o el FMI).

Haciendo honor a la terquedad española, nos empeñamos en esperar la mejora de la salud laboral nacional y permanecemos agazapados, con las manos en la cabeza y la esperanza de que, finalmente, el cielo no caiga sobre nosotros y nos aplaste. Hay más de cuatro millones de parados, lo cual dobla la cantidad de los que ya teníamos hace un par de años. Es momento de reflexionar.

Primero: ¿de dónde salen dos millones de nuevos parados? Nos dicen los expertos que, cuando la enorme burbuja de cuento de hadas (para algunos) del negocio inmobiliario estalló, lo hizo tanto en la cara de las promotoras como en la de las financieras, los bancos, las agencias y las productoras de recursos (ladrillo, cemento, etcétera) y otras agencias de servicios, incluyendo grandes, medianas y pequeñas empresas.. se pudo comprobar, mal que les pese a algunos, que aquello de la especulación del ladrillo salió rana. Pero que muy rana. Así que no es difícil imaginar que un gran porcentaje de estos parados los “escupió” aquel hundimiento financiero.

Dios salve al ladrillo

Dios salve al ladrillo

Esto, unido al hecho irrefutable de que, cada vez más, el obrero en España se está convirtiendo en esclavo del sistema, complicó muchísimo las cosas. Dado que el Gobierno (el de antes y el de ahora) bendijo y arropó, hasta hacerlo suyo, el modelo neoliberal capitalista salvaje en funciones, y se olvidó del bienestar social acosándonos con el encarecimiento de bienes de consumo tan básicos como la vivienda, de las pocas opciones que se ofrecían la gran mayoría de la población (esto es, mucha gente) se lapidó a sí misma cuando eligió firmar una hipoteca por cantidades grotescas en plazos surrealistas. Una de las grandes bazas que se manejaban entre el ciudadano de a pie era la de que lo que compraban (una vivienda) era un activo seguro; algo que jamás podría perder valor, y se equivocaron.

Habían caído en la trampa: una deuda mensual que debían saldar sí o sí, con la que se comprometían durante veinte, treinta o cuarenta años, cuando no cincuenta, auspiciados por el inequívoco seguro de que si compraron por diez, en el peor de los casos, podrían vender por veinte. Y mientras tanto, en las empresas, sabedores los patronos de que su proletariado necesitaba trabajar a toda costa, apretaban su puño cuanto podían, mientras los trabajadores callaban y rezaban aquello de “Virgencita, que me quede como estoy”..

¿Quién tuvo la culpa aquí? ¿Los gobiernos, por no saber encauzar la sociedad hacia un modelo de bienestar sostenible? ¿González, por haber firmado junto a los sindicatos hace mucho, mucho tiempo, la dilapidación absoluta de los derechos del trabajador? ¿Zapatero? ¿El modelo neoliberal? ¿La omnipotente mano de los cuatro poderes?

La respuesta es mucho más sencilla, y es, a la vez, complicada en su aplicación. Porque la respuesta la tiene el propio pueblo, el obrero, que sin darse cuenta ha vuelto a las posiciones de clarísima desventaja que sufría hace más de cien años. Y esta involución la ha propiciado él, y solamente él. La ilusoria sensación de aburguesamiento que ha sufrido durante los últimos quince años ha resultado ser su piedra de toque, su punto flaco. Tener una casa, un coche, una familia.. demasiadas cadenas para una vida en la que se nos cierran vías de escape, en la que las opciones son cada vez menos y más agresivas.

El modelo que se nos ha vendido solo beneficiaba a unos cuantos, y hemos tenido que probar las hieles del fracaso para abrir los ojos, así que (y esta es mi reflexión final): ¿no sería más rentable, a largo plazo, dejar de proteger el ladrillo, cambiar mentalidades hacia puntos de vista menos tradicionales, fomentar el alquiler frente a la propiedad (como en el resto de Europa), y frenar el expansionismo y el capitalismo salvaje, dotando de mayor poder adquisitivo y mayor seguridad laboral al obrero, aún a costa de recortar los beneficios de los sobreprotegidos empresarios? ¿No sería más factible, a corto y medio plazo, invertir más dinero en formación, I+D, nuevas energías (por ejemplo, como ya se está haciendo en Andalucía, y con resultados más que aceptables), y cambiar de ese modo la absurda concepción de que la economía de un país ha de sostenerse sobre ladrillos e hipotecas, herencia del franquismo y de la España más rancia y antediluviana? ¿No sería más fiable, a corto, medio, y largo plazo, tratar de desmontar un modelo a todas luces equivocado, y sustituirlo por otro en el que prime el bienestar de la mayoría, que al fin y al cabo es uno de los fundamentos de esta mal llamada democracia?


Cubrámonos de Gloria

5 Mayo 2009

Lo han vuelto hacer.. el afán recaudatorio de las aves de rapiña de la SGAE cobró un dinero (tan “solo” 5.629 euros) a una familia almeriense, en concepto de derechos de autor, por un concierto de Bisbal, aún cuando se trataba de una actuación benéfica para recaudar fondos a favor del joven Juanma López Fenoy, aquejado del síndrome de Alexander. Tuvieron que pasar diez días y que el hecho se aireara en la prensa para que la Sociedad reculara y le devolviera los dineros al chaval.

Ramoncín, ese pirata

Ramoncín, ese pirata

La pregunta ahora es: ¿lo hubieran devuelto si los medios no se hubiesen hecho eco de tamaño atropello? Cuesta creer que una organización tan altruista, que se dice protectora a ultranza de los derechos de artistas y creadores nacionales –a cualquier precio-, sea tan poco solidaria con otra causa que, si bien no protege al autor, trata de proteger al menos la vida de una persona, como en el caso del joven Juanma López. La SGAE argumenta en su defensa que los propios músicos, Bisbal incluido, tenían que haber firmado por escrito su renuncia a las cantidades por derechos. ¿No podrían haber sospechado sus eminentes inteligencias que se trataba de un acto benéfico al no existir hecho contractual alguno que vinculara a músicos y familiares de Juanma? Quizá el error de este chaval fue no haberse asociado antes a la SGAE.. Aunque, un momento: yo, como creador que fui en su día, y merced a una mala información sobre el registro de la propiedad intelectual, me asocié, y ahora que lo pienso tampoco me salvo de pagar el canon.. aunque también es verdad que jamás vi un duro de lo poco que ya de por sí reportó mi obra..

En fin, hermanos artistas: creemos, actuemos, deleitemos los sentidos del público con nuestro arte; que detrás de nosotros llegará arrastrándose la insufrible levedad de la SGAE y sus tentáculos manchados de infamia y ciega codicia para recaudar todo lo posible por lo que nosotros produzcamos. Cuán sabios han sido nuestros mayores (artísticamente hablando), que en lugar de renovarse o morir prefirieron robar para subsistir. Y qué mala suerte la nuestra, que el gobierno que se dice rojo se queda en sonrojo al arropar a estos indeseables.