El fallo del juicio sobre las identificaciones de los fallecidos en el accidente del Yak-42 deja un sabor agridulce. Por un lado, los tres principales responsables (los directos) han sido condenados a penas de cárcel, lo cual sacia la sed de justicia de los familiares de las víctimas. Por otro, quien fuera responsable de los responsables primeros, el otrora ministro de Defensa, Federico Trillo, sale airoso del lance.

Escudándose en que cualquier tiempo pasado fue peor, el actual titular de Justicia (amarga ironía) en el Congreso ha pasado de puntillas sobre el asunto, ignorando las voces que reclamaban responsabilidades, tanto desde dentro como desde fuera del proceso.
Lo que es evidente es que Trillo no podría jamás haber sido condenado ni absuelto, simplemente por el hecho irrefutable de que, en efecto, no estaba imputado en el delito. Después del fallo se ha despachado a gusto con la lapidaria frase: “respeto la decisión del tribunal, pero no la comparto”. Olé. No esperábamos menos, Don Federico..

No ganamos para disgustos, ¿eh, Mariano?
Dicen que entregó su dimisión a la dirección de su partido, aunque no fue aceptada. Pelillos a la mar, Fede, que tampoco es para tanto.. hay cosas peores, y mira que nunca pasa nada..
Porque, la verdad, es que nunca pasa nada.
El hecho de que un ministro -de lo que sea-, cometa un fallo garrafal, directa o indirectamente, en el que se vean amenazados valores como la credibilidad, la humanidad o la aptitud de un ministerio, y por ende otros tantos principios que trascienden ya a lo meramente ético y moral, como la seriedad, el duelo, el respeto a los muertos (y a los que continúan vivos), este hecho, decía, no es suficiente para que un político redima su culpa renunciando a su cargo público.
No es de extrañar, teniendo en cuenta la salvaje pelea interna que subyace en los cimientos del PP. Don mariano se empeña en quitar hierro a cualquier asunto que pueda manchar su ilusorio y cada vez menor liderazgo, y le resta importancia a cualquier atisbo de corrupción, espionajes varios, sobornos o imprudencias temerarias que puedan aflorar a su alrededor. Verdaderamente, lo temerario es no asumir las responsabilidades que se suponen en un cargo como el suyo, sobre el que pesa la mitad del voto español. Y refleja una estrechez de miras suprema la obstinación con la que tapa los escándalos, con ese talante absurdo de “to er mundo e güeno”. Porque, de alguna forma, está vinculando su futuro político con todos ellos. A Don Mariano le crecen los enanos.. o, mejor dicho, los “nanos”..

Dos de los "nanos", bien creciditos..
Así pues, confiando en la buena salud de la democracia, y también en la existencia de justicia, me atrevería a vaticinar que Don Mariano no será jamás presidente. Ni siquiera en su propios feudos..

"..uno de voshotrosh me traicionará eshta noche.."
Escrito por Jose Ramón de las Peñas 
La segunda lectura de este tema es la inverosímil respuesta de la oposición: llegamos a escuchar en boca de un aforado en el congreso la frase “lo único que consiguen ustedes [con la retirada de tropas de Kosovo] es hacer enfadar al Señor Obama“, y otra serie de acusaciones, más o menos justificadas, hacia la ministra de Defensa y el Gobierno en general. ¡”Señor Obama”! dice, y se queda tan pancho. No sé si dicho adrede, pero ¿no le encuentran un punto servil a eso de “Señor Obama”? Nadie pareció advertir el detalle entre los que allí estaban (el Congreso presentó un aforo casi completo esa mañana, cosa inédita), pero si uno se para a pensar, recapitula cómo ha sido nuestra relación con los americanos durante los últimos años, y se plantea cómo debería ser realmente, si quisiéramos que fuera, al menos, provechosa para España. Porque ¿de qué sirve el servilismo, si me permiten la redundancia? ¿Compensa esta postura internacionalmente? ¿Debemos postrarnos ante América y acatar órdenes en cada arrebato imperialista? No me negarán que es algo frustrante que vayamos a recoger los pedazos de lo que ellos se encarguen de destrozar.. llámenlo 
Escrito por Jose Ramón de las Peñas