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Terrorismo político (o las perlas de la vergüenza)

Pleno agosto, y las vacaciones se han llevado a las multitudes de las ciudades a las playas, a los montes y a los pueblos. Aunque lo cierto es que la realidad nunca se va de vacaciones. Permanece latente, viva; agazapada tras los parapetos de indiferencia y desinformación que, sin saberlo, crean las propias multitudes alrededor de sus paraísos temporales.

Lo extraño es que uno de los meses del año en los que nunca pasa nada sea, en esta ocasión, el elegido por la oposición para prender la mecha de la crispación (una vez más). Los políticos aparcan sus yates y sus paellitas al borde del mar durante un momento para que les graben unas declaraciones, sin opción a réplica inmediata, en las que vomitan, e incluso perpetran, perlas del peor calibre. Lo peor de cada casa está aflorando estos días de asueto, y el modus operandi de los criminales está dejando el listón de su honorabilidad y credibilidad a niveles inospechadamente bajos.

Sin desmerecer el bajo listón del gobierno, oigan, que también tienen lo suyo. No obstante, el nivel de racanería, ofuscamiento, desvergüenza y falta de respeto por el ciudadano que han sacado a relucir los primeros espadas de la oposición durante los últimos días, aparte de resultar patéticos y muy poco serios, son sin duda una batería de movimientos perfectamente orquestados por alguna mente diabólica (no creo que el mérito sea de Mariano) para tapar los últimos escándalos del partido. Esta voz está en la calle, no se crean.. no arrojo nimguna luz a este respecto, y, sin embargo, hay todavía votantes del PP que dan crédito a todo lo que Rajoy diga o desdiga.

Tira la piedra y esconde la mano

Tira la piedra y esconde la mano

Señores míos: raya la maldad más perversa despedirse de la prensa diciendo que España va directa al corralito, que el Estado hace escuchas ilegales en beneficio del PSOE, que las ayudas otrora inexistentes para el parado de larga duración son otro parche efectista del gobierno inepto que estamos sufriendo. Raya incluso, si me lo permiten, el terrorismo.

Lanzar soflamas que enciendan el ánimo a los ciudadanos está muy bien en tiempos de guerra, no se crean; tiene mucho que ver con la moral de la población. Pero hacer terrorismo partidista es una bellaquez sublime, una locura temeraria que lo único que consigue es alimentar a la ya de por sí oronda crispación política entre los ciudadanos de este país. Y no estaría mal que les entrara en la cabeza que existen temas que no admiten ese juego: economía, terrorismo, justicia. No, porque entonces se siembran dudas. Y de aquellas dudas viene luego esta abstención en las urnas, y al final solo juegan ellos, los políticos.

Lo más triste de todo (sí, todavía hay algo más triste) es que todas estas acusaciones y calumnias más o menos ciertas se viertan para esconder suciedades, y escándalos más o menos graves. El señor Rajoy lleva casi dos años tratando de ganar tiempo. Mientras sus acólitos más cercanos conspiran para ser el próximo jefe, Mariano trata a duras penas de sacudirse las alimañas de encima para que no le devoren en vida.

Todas estas cosas que parecen evidentes para cualquier ciudadano, son sin embargo dogma de fe para los votantes del PP, quienes parecen tener bien aprendido aquello del voto incondicional; voto que acredita al partido a hacer, deshacer, decir y desdecir lo que sea sin perder votantes, mientras que la izquierda debe ser fiel a sus ideas, y guardar la compostura y el honor hasta el final, sopena de perder sufragios, pues su electorado sí que “castiga”. Así, cualquiera.

Campañas electorales como la última de las europeas son más propias de patios de vecinas que de la clase política. Ninguna más como esa, por favor; tanto unos como otros. Dedicarse a descalificar al contrario sea como sea y no explicar a la ciudadanía si van a hacer algo en el Parlamento Europeo o se van a dedicar a vivir del cuento, señores, no hace ningún bien a ninguno de sus partidos. Simplemente, porque el ciudadano no cree en ustedes. Y al no creer, no participa.

Mariano, de aquellos barros vendrán estos lodos..

Mariano, de aquellos barros vendrán estos lodos..

La cuestión es: ¿para cuando un tribunal de ética política? ¿Hasta cuándo valdrá todo? Y, sobre todo, ¿en qué momento se caerá, señor Rajoy, todo lo que usted lleva meses apuntalando a costa de la estabilidad institucional y la moral del ciudadano?

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Publicado por en 13 agosto 2009 en Uncategorized

 

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Sinfonía del Ruido

(Basado en hechos reales)

Como vecino del barrio de Usera, en el punto estratégico en el que confluye con los distritos de Carabanchel y Arganzuela, me declaro completamente alienado en cuanto a salud mental se refiere. Debo aludir también, como elemento agravante, al turno de noche que mi trabajo (y mis escasos ingresos) me obliga a realizar. De modo que tengo que dormir de día, porque en algún momento hay que dormir.

El caso es que mi barrio, no se vayan a confundir, es un barrio muy completo: muchos servicios, tiendas, grandes superficies de alimentación, complejos deportivos, centros de salud, plazas de aparcamiento.. es un buen lugar para vivir, no se crean. Además, a tiro de piedra del centro de Madrid.

Cuando llego a casa, muy de madrugada, los vecinos duermen. Solo los más madrugadores han salido ya de casa o han cogido el coche, lo cual me facilita la tarea de aparcar el mío y subir a casa para descansar. La situación es idílica: todo quietud, paz.. un sitio maravilloso.

Llego a casa y enciendo el ordenador; no es que llegue fresco como una rosa, pero distraerme un rato mirando el correo o echando un vistazo a mis redes sociales me permite acabar de coger el sueño y desconectar de la dura jornada.

Y aquí es donde mi barrio deja de ser el idílico y bucólico lugar que había sido hasta entonces..

Y se transforma en un pandemonium de ruidos, gritos, estruendos, rumores incesantes, que, susto tras susto, “adornan” mis horas de sueño y me acompañan, también en vigilia, hasta el anochecer.

Marqués de Vadillo, a toda máquina

Marqués de Vadillo, a toda máquina

Dejando aparte el ruido normal del tráfico o de la gente por la calle, en Usera tenemos la suerte (o la desgracia) de albergar un cuartel de bomberos y una central de emergencias del Samur. Todo mi respeto hacia estos profesionales (¡qué sería de nosotros sin ellos!), pero cada vez que hacen una salida (y, créanme, es más a menudo de lo que ustedes pueden pensar) es como si el cielo mismo se viniera abajo. Sirenas estridentes, incluido un timbre estruendoso que precede a los bomberos y que avisa al tráfico de la inmediata salida de uno de sus camiones.. Una maravilla, un despliegue fantástico de ruidos que deleita los oídos más exigentes..

..y la entrada a la M-30 por Sta. María de la Cabeza, todo un clásico

..y la entrada a la M-30 por Sta. María de la Cabeza, todo un clásico

Y, por otro lado, sería digno de estudio comprobar cuántas veces han tenido que levantar la acera en el último año. ¿Seis? ¿Siete? Proceso este en el que tardan dos o tres meses, y durante el cual un operario con un martillo hidráulico (de los pequeños, si hay suerte) emplea de ocho a diez horas diarias en machacar la acera, o la carretera, o lo que sea. Estas son las mejores temporadas del año.

El día que no se vea ninguno de estos en mi calle, se acabará el mundo, seguro

El día que no se vea ninguno de estos en mi calle, se acabará el mundo, seguro

Y por si fuera poco, como guinda del pastel, mi vecino de arriba, Vicente, mecánico retirado, es un apasionado del bricolaje, y siempre que puede clava clavos, perfora paredes, machaca cosas con su martillo, o se dedica a serrar madera. Lo cual no deja de ser meritorio en un piso de sesenta metros escasos.. el verano pasado cambió el mueble del salón, que está justo sobre mi cama. Tuvo que desmontar el otro a mazazos, serrar algunas partes del nuevo y montarlo, a golpe de martillo. No recuerdo tres días peores que aquellos en toda mi vida. He de decir en su defensa que, días más tarde, nos encontramos en el rellano de la escalera, y me preguntó si me había molestado el ruido. No, qué va, Vicente. Si yo aguanto sin dormir perfectamente. Tú, tranquilo.

Esto es parte del arsenal de Vicente, mi vecinito de arriba

Esto es parte del arsenal de Vicente, mi vecinito de arriba

Así que, estimados lectores, si alguna vez se han quejado de aquel vecino ruidoso o de aquella obra que nunca acaba, recuerden estas líneas. Y piensen que a pesar de su desesperación, todavía hay alguien que lo pasa peor.

Ya.. ya sé lo que están pensando. La misma pregunta me la hago yo todos los días: ¿quién me mandaría a mi mudarme a este barrio?

 
 

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