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La asignatura pendiente de Jesús

¿Conocéis la historia de Jesús? Seguro que sí. Unos la conoceréis más que otros. España ha sido por muchos siglos cristiana y católica; solo durante los cuatro últimos lustros se ha desencadenado la secularización que tanto preocupa a los jerarcas de la Iglesia. No es mi intención ponerme estupendo ni pedante, solo quiero referir aquí un capítulo de la Biblia, muy cortito, para explicarme después:

Jesús fue un gran tipo. Un guía inspirado, un visionario, un loco entrañable. Llamadle como queráis. Uno de los pocos episodios del Nuevo Testamento en los que se narra que Jesús perdió los nervios fue aquel en que expulsó  a los mercaderes del Templo de Herodes, en Jerusalén.

Cuenta el apóstol Juan en su evangelio que «estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.» Los cambistas eran comerciantes que se ocupaban de cambiar divisas; los fieles debían pagar una ofrenda al Templo al cumplir los veinte, y no estaba permitido que se hiciese en moneda romana, de ahí que hubiera cambistas. Por otro lado, durante la pascua judía era costumbre el realizar un sacrificio: los ricos llevaban ovejas o bueyes, y la gente más humilde, palomas. Esto explica el por qué se hallaban allí los mercaderes.
El problema más grave que halló Jesús en el Templo fue que los cambistas cobraban una comisión muy alta por su trabajo, y de otro lado, tanto Anás como Caifás, sacerdotes del Templo, ponían inconvenientes a los animales traídos de fuera por los fieles y les obligaban a comprárselos a los mercaderes del templo, a precios desorbitados.
Al ver  el Templo convertido en un bazar oriental con el beneplácito de los sacerdotes, Jesús improvisó un flagelo con unas cuerdas y derribó los puestos de los cambistas, desparramando las monedas por el suelo, echó a los mercaderes y a sus rebaños y trasegó los puestos de palomas, diciendo «No hagáis de la casa de mi Padre una casa de contratación», mientras que Juan, en su narración, refiere además al profeta Jeremías, que apostillaba: «¿Es por ventura cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta Casa, sobre la cual es llamado mi nombre?».
El revuelo causado por Jesús provocó que, finalmente, fuera capturado, torturado y crucificado.
Ni Jerusalén ni Roma permitían ofensas de tal calibre a su autoridad.


Este episodio, que ha sido interpretado siempre desde un punto de vista ejemplarizante sobre el respeto a los lugares sagrados y también como excusa para la glorificación y mitificación de Jesús, viene al pelo a día de hoy para tirar de las orejas a toda esa masa de católicos aférrimos que vienen en masa a Madrid para estar con el Papa, para ver al Papa, para escuchar al Papa. Viene al pelo para preguntarles a quién siguen, si a Jesús o al hombre que ostenta el título de representante de Jesús. Para recordarles que hay muchos sacerdotes que todavía siguen el ejemplo de Jesús (los llaman bases cristianas) y ven con recelo el lujo, el poder y la ostentación de una Iglesia Católica erigida en Estado Vaticano, recelo que comparte cada día más y más gente, desde el más ateo hasta el más cristiano, porque la verdad y la justicia no entienden de credos ni de dogmas.

Porque la demostración de poder que en estos días está invadiendo la capital de España contrasta con la situación de paro, pobreza y miseria en la que están sumergidos muchos españoles, y no ya españoles, sino europeos, americanos y, ahora más que nunca, africanos.

Los 50 millones de euros que cuesta la visita, independientemente del mantra repetido hasta la saciedad de que es un negocio rentable, podrían haber sido destinados al Cuerno de África y haber salvado vidas, vidas de niños que son abandonados en las cunetas y mueren de hambre cada minuto, mientras aquellos que predican el amor por el prójimo prefieren mirarse el ombligo en grandes fastos y demostraciones de poder tan banas como innecesarias. La Iglesia Católica, como los grandes partidos políticos, ha olvidado hace mucho tiempo la esencia de su ser, su leit motiv, la razón última de su existencia: las personas.

Soy cristiano, me han educado como tal, y no reniego de los valores que mis padres y abuelos me inculcaron porque me han ayudado a vivir, a respetar y a amar a los demás, como lo hizo Jesús. Pero sí reniego de esta Iglesia. Reniego de su poder, de su riqueza, de su egoísmo y del tabú que se erige en torno a ella: no puedes criticarla, no puedes tocarla, no puedes ir en su contra. La Iglesia resta en lugar de sumar, y luego se queja de que cada vez hay menos fieles. Incurre en los mismos errores que los políticos. A largo plazo, traerá consecuencias.


Si Jesús viera en qué se ha convertido la Iglesia, cogería de nuevo el flagelo y volvería a expulsar del templo a mercaderes y cambistas, a especuladores, y a tantos Anás y Caifás como hay instalados en la jerarquía enfangada del Vaticano. Aunque, probablemente, el nuevo poder de Roma volvería a pedirle cuentas. Y se repetiría la historia.

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Publicado por en 18 agosto 2011 en Cultura, Sociedad

 

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Los que tienen que servir

Como el patetismo más absoluto ya se había instalado hace años en la esfera política, parece que cualquier nuevo asunto con que nos sorprenden nuestros democráticamente electos representantes nos suena tan viejo y monótono como todos los anteriores. Bueno, no sé si se ha convertido en costumbre, pero lo cierto es que cualquier movimiento de unos es dilapidado por los otros sistemáticamente; así que la crispación va en aumento. Asombra la incapacidad de propios y extraños para adoptar acuerdos en cuestiones tan de sentido común como la crisis, la retirada de tropas, la corrupción o el paro, por ejemplo. Dos grandes bloques, y unos cuantos más pequeños, pero el caso es que cada cual barre para su propia casa. Y entre medias, el ciudadano de a pie, con una inmensa interrogante sobre su cabeza: “¿pero qué demonios…?”

El Tío Sam y su dedo acusador

El Tío Sam y su dedo acusador

La penúltima chispa ha saltado con la retirada de España de la República Independiente de Kosovo. Una retirada “por la puerta de atrás”, “nada diplomática”; una despedida a la francesa, vaya. Por supuesto que las críticas son siempre bien recibidas, pero sacarle pegas a todo, aparte de ser el modus operandi de los infelices, dice muy poco a favor de los que se supone son la alternativa de gobierno de este país.

La verdad es que la maniobra del Gobierno ha sido visto y no visto: un verdadero ataque relámpago a nuestros aliados en la OTAN y un movimiento maestro para salir en la foto de los viernes, que es algo que al parecer permanece mucho menos tiempo en los engramas del pueblo llano por aquello de la inmediatez del fin de semana, o al menos deja menos espacio a la reacción. Es como lo de los despidos; mucho mejor los viernes.

La situación en Kosovo de un estado como el español, con varios frentes independentistas abiertos y activos, tras la declaración unilateral de independencia de la región balcánica, se convertía en incómoda e iba contra los principios unionistas más elementales de los que se hacen gala en este país, en el que poco o nada tiene que ver un gallego con un canario, o un catalán con un asturiano. Pero esto es harina de otro costal.. podría decirse que España no ha hecho sino lo que tenía que hacer, dado que se había quedado sola después de la dichosa independencia.

do-we-canLa segunda lectura de este tema es la inverosímil respuesta de la oposición: llegamos a escuchar en boca de un aforado en el congreso la frase “lo único que consiguen ustedes [con la retirada de tropas de Kosovo] es hacer enfadar al Señor Obama“, y otra serie de acusaciones, más o menos justificadas, hacia la ministra de Defensa y el Gobierno en general. ¡”Señor Obama”! dice, y se queda tan pancho. No sé si dicho adrede, pero ¿no le encuentran un punto servil a eso de “Señor Obama”? Nadie pareció advertir el detalle entre los que allí estaban (el Congreso presentó un aforo casi completo esa mañana, cosa inédita), pero si uno se para a pensar, recapitula cómo ha sido nuestra relación con los americanos durante los últimos años, y se plantea cómo debería ser realmente, si quisiéramos que fuera, al menos, provechosa para España. Porque ¿de qué sirve el servilismo, si me permiten la redundancia? ¿Compensa esta postura internacionalmente? ¿Debemos postrarnos ante América y acatar órdenes en cada arrebato imperialista? No me negarán que es algo frustrante que vayamos a recoger los pedazos de lo que ellos se encarguen de destrozar.. llámenlo equis. O que aceptemos presos políticos, los que ellos no quieren tener cerca; o los que un presidente no podría tener cerca porque su popularidad caería en picado. No sé qué pensarán ustedes, pero yo de repente me siento un objeto.

yes-we-can

Otra pieza más de la maquinaria yanki. A veces una papelera, y a veces su perro guardián. Además, al parecer les hemos prometido que enviaremos más hombres y mujeres a Afganistán en contrapartida. Huele a miedo. Entonces, es verdad. El Señor Obama da miedo. Y España reacciona ante ese miedo con un servilismo ciertamente arrastrado, casi pueril, diría. Las comparaciones siempre fueron odiosas, pero ahí están Reino Unido, Alemania, Francia o incluso Italia, donde al menos yo no observo este comportamiento.

Así que uno escucha en su cabeza los ecos de tan desafortunada afirmación, la de “Señor Obama”, y se acuerda de la foto de aquel trío nefasto en las Azores, y de  cómo España fue arrastrada al conflicto de Irak, al margen de toda legalidad internacional existente; justo cuando esta oposición que ahora tanto critica todavía era Gobierno. Qué poca autoridad moral, y cuánta demagogia. Ah, y cuánto servilismo..

 
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Publicado por en 25 marzo 2009 en Política

 

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