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Vida después de la SGAE

Para aquellos que proclaman la inevitable muerte de la música, el fin de las canciones, el holocausto de las musas y toda esa sarta de mentiras:

Por si a alguien le pilla de nuevas, me permitiré trazar alguna pista sobre Vetustamorla, como mera introducción a mi comentario. Son una banda de pop-rock de Tres Cantos, localidad del norte de Madrid, que ya llevaban más de diez años tocando juntos cuando tuvieron la brillante idea de autoeditarse. Esto es, grabarían, mezclarían, editarían y distribuirían un disco por su cuenta y riesgo. Y a pesar del riesgo, les salió a cuenta.

Poco después del lanzamiento de “Un día en el Mundo” (Pequeño Salto Mortal, 2008) tanto su fama como su caché aumentaron exponencialmente. Una gira interminable, una lluvia de premios y mil historias más tarde, se encuentran en lo más alto; o al menos en lo más alto a lo que podría aspirar una banda nacida de la nada y sin recursos económicos, que a pesar de competir con grandes multinacionales, grandes campañas publicitarias y una gran indiferencia po parte de las discográficas y promotoras, han medrado hasta lo inimaginable, hasta casi imponerse como una de las mejores bandas nacionales en la actualidad, y con seguridad, la mejor de este año 2009. Han sido tan buenos que incluso ese espíritu indie (independiente) que arropa a la banda llegó a abducir a la todopoderosa Madre Industria, rendida al fin a sus encantos, que les nombró candidatos a los Grammy Latinos. Bravo.

Esta historia, la típica de aquellos self-made-men del sueño americano, o si lo prefieren, la del cuento de Cenicienta, no ha levantado sino expectación, asombro y extrañeza en la propia industria, que no ha dicho “esta boca es mía” en ningún momento. Y es una paradoja el que una industria que se declara herida de muerte y en peligro de extinción premie a uno de sus hijos “bastardos” (nacido y crecido a espaldas de la madre) con tres galardones Amigo y las mentadas nominaciones a la candidatura de los Grammy en el mismo año. Se contradice el hecho de clamar en pos de la protección de la industria discográfica para “salvar la música”, y las muchas perlas que asociaciones como Promusicae o la SGAe han dejado en los medios apuntalando este extremo, con el sospechoso logro de una banda que, de espaldas a todos los que le dieron la espalda, ha sacado pecho (y talento) hasta encaramarse en lo más alto, mirar cara a cara a los grandes y salir por la puerta grande.. sin pasar por un sello discográfico. Ah, y dicho sea de paso, refrescando el mercado nacional, anquilosado años atrás entre amarales, orejas con sordera y cantos de loco que solo aportaban la misma nota a los mismos oídos cansados y abducidos. Por no hablar de hijas de artistas fallecidas que llevan viviendo del cuento incontables lustros. Casi nada.

Porque resulta esperanzador constatar que el talento, aún en nuestros días de piratas, corsarios y pillaje, puede conocer el éxito y la fama, sin accesorios gigantescos ni luces de candilejas, sin la ayuda de la avejentada, lenta y herrumbrosa maquinaria de la Madre Industria Discográfica. Porque no deja de ser alentador saber que no hace falta ser guapetón para salir en los medios y grabar un disco de calidad, y darle una vuelta de tuerca a la élite artística de este país que se quedó a medio camino de la pandereta y los felices ochenta.

Solo nos queda esperar y observar. Observar a dónde irán a parar los escarceos de la malvada Madre Industria con la joven doncella Vetustamorla: ¿será seducida por la manzana o continuará incorrupta? ¿Decidirán los otros “hermanos mayores” adoptar este espíritu fresco e innovador, y aportar dignidad al panorama? Es más: ¿serán capaces de hacerlo? La joven banda prepara un segundo disco para el 2010. El desenlace, próximamente..

 
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Publicado por en 2 diciembre 2009 en Cultura, Sociedad

 

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Música y Miseria (moral)

El otro día pasé por una tienda de discos para comprar uno. No se crean, era un disco que llevaba mucho tiempo escuchando, casi el mismo tiempo que llevaba esperando a que la tienda dejara de considerarlo novedad y bajara su precio hasta uno bastante más asequible. Era el último trabajo de mi banda favorita, a cuyo concierto en mi ciudad asistí, pagando religiosamente la entrada.

El caso es que, de los casi veinte euros que costaba el disco el día de su lanzamiento, terminé ahorrando casi catorce. Como no quise someterme a las reglas del vil mercado, decidí esperar el tiempo necesario para no sentirme estafado, y mientras tanto recurrí a internet para escuchar, para probar el producto. Y una vez que constaté que en el disco no sólo había una canción que valiera la pena, sino que era un trabajo digno de ser atesorado en mi estantería, decidí comprar.

Sigo el mismo procedimiento a la hora de decidir comprar o no un disco, desde que tengo internet. Además, la red me da la posibilidad de escuchar discos antiguos que ya se han retirado de la circulación, de encontrar cosas nuevas, de aprender.

Pero nunca me bajé un disco de Rosario. Ni uno de Ketama. Creo que ninguno de Aute. Simplemente porque no creo que reúnan las características que hacen que sienta inquietud por la música. Hablo de intensidad, riqueza, frescura, esa chispa de “algo más” que obliga a la oreja a abrirse.

Rosario y Antonio Carmona, cuando todavía vendían algún disco.

Rosarito y Antonio Carmona, cuando eran artistas.

Sin embargo ellos salieron a la calle, con alguno más (Loquillo y otras reliquias, aderezadas por algún pescado fresco, como Chenoa o Conchita) para revindicar sus derechos como autores (yo creía que a Rosario siempre le escribía las canciones su hermano Antonio) y clamar (otra vez) contra la bajada de contenidos  de la red. Una manifestación que reunió a doscientas personas. El resto de artistas causó baja porque debía estar trabajando. ¡Digo yo! En fin..

Con la desfachatez por bandera y ambiguos eslóganes a caballo entre el patetismo y la desesperación (“Del Top Ten al Top INEM”, por ejemplo), Aute llegó a decir en la radio que “en 5 años, esto se acaba. No habrá música ni canciones si no se le pone freno a la piratería”. Y se quedó tan ancho.

Señor Aute y acólitos: si ustedes son la música en este país, estaré encantado de colaborar con mi granito de arena para erradicarles por fin de la faz de la tierra. Por cada numerito suyo, por cada inspector de la SGAE que entra en cada bar o peluquería, por cada tuna a la que denuncian ustedes, por cada ayuntamiento, por cada dinero ilegal que cobran amparados por un falso gobierno de izquierdas, allí estaré yo, ratón en mano, pirateando a toda vela, bajando todos los contenidos que la rabia me permita. Porque son ustedes parásitos. Dejaron de ser artistas hace mucho tiempo, y por ello dejaron de vender discos, dejaron de llenar estadios con sus conciertos. Ahora solo se dedican a husmear entre la basura para desenterrar derechos de autor, y no se dan cuenta de que ni siquiera prohibiendo las descargas “ilegales” llegarían a cobrar un euro por los beneficios directos de sus obras. Tan solo les queda el recurso de rapiñar, de hurgar en la carroña, de privar a los demás del derecho a decidir, de imponernos a todos las reglas de un cruel mercado que, a su vez, es el mismo que les ha dejado a ustedes en la estacada, porque ha decidido que ustedes ya no son comerciales.

Por cierto, me llena de repugnancia y estupefacción el hecho de que el Ministro de Industria les haya recibido a ustedes y la Ministra de Medios (Ambiente, Marino y Rural) haya hecho caso omiso de los miles de manifestantes que acudieron en su busca el pasado 21 de noviembre en Madrid, buscando una solución para la crisis agraria. Ya sé que para todo hay clases, pero es que a ustedes se les está mimando en exceso. Y al gobierno se le está viendo el plumero.

Continuará..

 
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Publicado por en 2 diciembre 2009 en Cultura, Sociedad

 

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Cubrámonos de Gloria

Lo han vuelto hacer.. el afán recaudatorio de las aves de rapiña de la SGAE cobró un dinero (tan “solo” 5.629 euros) a una familia almeriense, en concepto de derechos de autor, por un concierto de Bisbal, aún cuando se trataba de una actuación benéfica para recaudar fondos a favor del joven Juanma López Fenoy, aquejado del síndrome de Alexander. Tuvieron que pasar diez días y que el hecho se aireara en la prensa para que la Sociedad reculara y le devolviera los dineros al chaval.

Ramoncín, ese pirata

Ramoncín, ese pirata

La pregunta ahora es: ¿lo hubieran devuelto si los medios no se hubiesen hecho eco de tamaño atropello? Cuesta creer que una organización tan altruista, que se dice protectora a ultranza de los derechos de artistas y creadores nacionales –a cualquier precio-, sea tan poco solidaria con otra causa que, si bien no protege al autor, trata de proteger al menos la vida de una persona, como en el caso del joven Juanma López. La SGAE argumenta en su defensa que los propios músicos, Bisbal incluido, tenían que haber firmado por escrito su renuncia a las cantidades por derechos. ¿No podrían haber sospechado sus eminentes inteligencias que se trataba de un acto benéfico al no existir hecho contractual alguno que vinculara a músicos y familiares de Juanma? Quizá el error de este chaval fue no haberse asociado antes a la SGAE.. Aunque, un momento: yo, como creador que fui en su día, y merced a una mala información sobre el registro de la propiedad intelectual, me asocié, y ahora que lo pienso tampoco me salvo de pagar el canon.. aunque también es verdad que jamás vi un duro de lo poco que ya de por sí reportó mi obra..

En fin, hermanos artistas: creemos, actuemos, deleitemos los sentidos del público con nuestro arte; que detrás de nosotros llegará arrastrándose la insufrible levedad de la SGAE y sus tentáculos manchados de infamia y ciega codicia para recaudar todo lo posible por lo que nosotros produzcamos. Cuán sabios han sido nuestros mayores (artísticamente hablando), que en lugar de renovarse o morir prefirieron robar para subsistir. Y qué mala suerte la nuestra, que el gobierno que se dice rojo se queda en sonrojo al arropar a estos indeseables.

 
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Publicado por en 5 mayo 2009 en Sociedad

 

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SINDEsperdicio

Hoy me contaba una amiga que tiene un amigo en un sello discográfico y que éste se lamentaba de lo poco que le quedaba a la industria del disco si el rumbo de ciertas cosas no cambiaba. Muy parecido a lo que se revindicaba desde la industria del cine, o de la radio, cuando nació la televisión y proliferó en los hogares de todo el mundo. No hace tanto tiempo, el cine español se quejaba del poquito público que iba a visionar los productos patrios a las salas.. vamos, que la queja, el sufrimiento, ese lamento estertóreo que profería este amigo a mi amiga, no es nada nuevo..

Porque el cine (en general) goza de una salud inmejorable a día de hoy, puesto que todavía nos encanta ese mágico lugar que es la sala de cine, con su pantalla gigantesca, ese sonido envolvente y la comodidad de sus butacas; porque también sigue envolviéndonos la magia de la radio; porque han tenido que llegar nuevos cineastas al panorama nacional y darle unas cuantas vueltas para que volvamos a interesarnos por el cine de aquí. Porque, como en todo en esta vida, los cambios asustan, sí, pero a la larga siempre enriquecen.. alguien dijo alguna vez: “reciclarse o morir”.

Por eso me suenan a lamento de Boabdil el Chico en Granada estos lloros de las discográficas, quienes, no contentas con llamar pirata a toda una comunidad de internautas (no puedo concretar la cifra, pero hablo de la comunidad global), cargan fiscalmente soportes multimedia y reproductores en general, presumiendo que todos los que usemos un compact disc o una impresora vamos a copiar música o libros, en lugar de almacenar las fotos de Semana Santa o imprimirlas para que las vea la abuela. Dentro de poco, cargarán también los lápices y los folios, amparándose en la posibilidad de que copiemos El Quijote  a mano alzada. Si no, ya verán..

pirata

El hecho de que artistas venidos a menos no hayan querido o hayan sido incapaces de reciclarse (amigo Ramoncín, amigo Teddy Bautista, amigo Víctor Manuel, etc.) y se dediquen a chupar del frasco a costa del resto de los mortales no deja de asombrarme. Bien es verdad que en una sociedad en la que la economía parasitaria está a la orden del día (gasolinas más caras en vísperas de grandes desplazamientos, facturación de energía engañosa para cobrar consumos antiguos con precios nuevos e inflados, y otro largo etcétera) no íbamos a notar que nos apretaran las tuercas un poquito más; por eso existe este canon, siempre arropado por el Gobierno de turno.

Gobierno éste que nos ha tocado un tanto ambiguo en cuanto a ejercicio de las libertades; pues si bien presumen de ello, a la hora de defender los derechos de sus ciudadanos solo lo hacen con los de los lobbies que les aprietan las tuercas. Dicho sea de paso, a ver cuándo nos damos cuenta los ciudadanos de que nosotros también podemos ser un lobby. ¡Ah! Que si nos negamos a pagar, no reportamos ningún beneficio, y entonces ya no somos un lobby. Pues es verdad..

En fin.. el siguiente paso de la marea pro-derechos de autor, en cuyo adalid parece haberse erigido el presidente del Gobierno, ha sido clavarnos un puñal a los piratas internautas en forma de grácil doncella de nombre de fábula: Ángeles González Sinde, flamante ministra de Cultura por la Gracia de Zapatero, que de gracioso solo tiene el rostro. Doncella ésta que antes de ser ministra fue cineasta, y que soltó una arenga contra los piratas y el peer to peer en una de las últimas ediciones de los Premios Goya. Estos artistas, siempre tan combativos..

La grácil doncella despotricando contra el p2p

La grácil doncella despotricando contra el p2p

El caso es que la comunidad internauta está con el agua al cuello, pues parece que en cualquier momento va a caer sobre ella (sobre todos nosotros) la mano castigadora de la Ley, y se nos va a acabar el chollo pirata por siempre jamás. En Francia ya han intentado algo parecido, aunque la cosa no ha dado su fruto todavía, quizás por culpa de que instaurar una ley de estas características resulta harto complejo, y sobre todo, muy caro. A ver qué pasa..

No sé.. quizá esté mal hecho eso de escuchar un disco antes de comprarlo para que no le den a uno gato por liebre, o quizá la culpa de que no se compren discos la tienen los precios. Hace poco, Prince (o como quiera que se llame ahora) distribuyó su último trabajo a espaldas de las discográficas, valiéndose de un acuerdo comercial con un periódico británico en el cual todos salían ganando: el periódico en ventas; el artista en posteriores bolos y conciertos gracias a la promoción del disco. Ese es un ejemplo; hay otros como el de Radiohead, que colgaron su último disco en la red y lo vendieron al usuario por la voluntad (los donativos oscilaron desde el centavo a los veinte dólares; promediaron ocho dólares por descarga), y no les salió nada mal la jugada. Y, sin ir más lejos, seguro que Pau Donés y los suyos llevaban mucho tiempo sin vender tantos discos como los que distribuyeron junto a El País hace unas semanas. Habrá que preguntarles cómo fue la experiencia. Aunque claro, Jarabe de Palo no son ni Prince ni Radiohead..

La reflexión final es: ¿no será que la anquilosada, incrustada y antediluviana industria discográfica necesita reciclarse, y no liarse a dentelladas con unos y con otros para seguir sacando tajada? Uno de sus principales slogans anti piratería es: no mates la música. ¡Como si toda la música tuviera que pasar por ellos a la fuerza! ¡Como si la música no existiera por derecho propio, miles de años antes de que apareciera el primer sello! ¡Como si no hubiéramos superado, gracias a la tecnología, todos los escollos de grabación, edición y distribución de la música, que antes había de efectuarse siempre a través de los sellos! Es cuestión de tiempo, señores artistas, señora ministra, señor presidente, que se imponga la cordura y se vean obligados a reciclarse. Teddy Bautista de iluminador en conciertos, Víctor Manuel escribiendo en algún blog, y Ramoncín.. esto.. a ver.. ¿de empleado en un Kentucky Fried Chicken?

Ramoncín, recíclate o muere. Bueno, mejor, muere, a secas

Ramoncín, recíclate o muere. Bueno, mejor, muere, a secas

Entonces sí que habría un legítimo Rey del Pollo Frito.

 
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Publicado por en 14 abril 2009 en Política, Sociedad

 

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